Apocalipticismo, Evangelismo y Discipulado

Mucho se puede decir al respecto de la misión de la Iglesia. Por doquier abunda literatura sobre el tema tan de moda del iglecrecimiento y hay tantas teorías al respecto, pero el asunto central sigue siendo la misión de la iglesia. Y es que la iglesia justifica su existencia a partir del propósito por el cual está en el mundo. Por otro lado, tenemos la literatura Apocalíptica que ha sido descuidada por muchos, rechazada por otros (llegando incluso a negar la segunda venida Cristo) o exagerada por unos terceros a manera de un recurso sensacionalista para coaccionar a la gente a “hacerse cristianos”. Sin embargo, poco o nada se habla de la relación que existen entre la misión de la Iglesia y la Apocalíptica, relación que los seguidores de Jesús entendieron y vivieron. De hecho podría decirse que la misión de la iglesia cristiana se desprendió del apocalipticismo, y que el apocalipticismo surgió de la esperanza de que Dios cumpliría su misión (missio Dei) en el mundo. En verdad es relevante hoy en día hablar de apocalíptica y de la urgencia de cumplir la encomienda de Jesús.

Hay que aclarar, primeramente, el concepto de apocalipsis, apocalíptica y apocalipticismo. Un apocalipsis, contrario a la creencia popular, es simplemente una revelación divina dada a un mensajero o profeta. Así, el Apocalipsis de San Juan es una revelación dada al apóstol Juan. Este mensaje, tradicionalmente, es acerca de los últimos tiempos de la historia humana, cuando el Señor Dios establece la justicia en la tierra, juzgando las acciones humanas de los reinos y sociedades y redimiendo a su pueblo. La apocalíptica es entonces la literatura que surge de esta tradición. El Apocalipsis de San Juan no es el único que existe en la Biblia: También Daniel es un profeta apocalíptico y de igual forma unas secciones de la 2nda Epístola de San Pedro son de índole apocalíptica, entre otros pasajes bíblicos. El apocalipticismo es la forma de pensar y concebir la historia que se derivó de la literatura apocalíptica. Como es de suponerse, este pensamiento también trajo consigo movimientos socio-políticos, sectas judías que se preparaban para el fin de los tiempos.
Es bien sabido que el cristianismo no surgió como una nueva religión apartada del judaísmo. Esto significa que los primeros seguidores de Jesús se consideraban a sí mismos judíos, y guardaban las tradiciones de sus padres. Sin embargo, en sus inicios, no existía una teología cristiana como tal. Ni siquiera se puede decir que los primeros cristianos se preocuparan por desarrollar una teología que los distinguiera tanto de los judíos no cristianos como de los paganos, cuando menos no sistemática e intencionalmente. Las epístolas son quizás el ejemplo más claro, pues no son tratados teológicos, sino respuestas prácticas a problemas específicos que surgieron en las comunidades cristianas. Aún en los evangelios, las enseñanzas de Jesús son más bien de orden ético. De hecho, ya desde Juan el Bautista el mensaje es la venida inmediata y la cercanía del Reino de los Cielos. No hay tiempo para hacer un compendio teológico, porque se esperaba que el fin del mundo ocurriera muy pronto y, como dijera hiperbólicamente Antonio Piñero (2012), “el Reino…habría de venir dentro de diez minutos”, y las enseñanzas de Jesús, el envío de sus apóstoles y aún las enseñanzas de Pablo responden a esta urgencia. Siendo la llegada del Reino de Dios la culminación del fin de los tiempos, es fácil entender que las predicaciones de Cristo, de los 12 Apóstoles y de Pablo que sirvieron de base para la teología, a su vez están fundadas en la tradición apocalíptica judía del primer siglo.

Esta es la base del argumento que Ernst Käsemann presenta para sustentar su teoría de que “la Apocalíptica fue la madre de toda la teología Cristiana – ya que no podemos clasificar la predicación de Jesús como teología”. Es importante recordar el contexto histórico en el que vivió Jesús: el pueblo judío había regresado del exilio en Babilonia sólo para ser conquistado por los griegos y después por los romanos, sus costumbres habían sido pisoteadas y su religión ultrajada, la norma política era la corrupción y el abuso, y el sistema litúrgico no estaba en mejores condiciones. Así pues, imperaba el deseo de la restauración que vendría en las alas del Mesías cuando se cumpliera el tiempo de Dios y se inaugurara la era de paz. El apocalipticismo judío del siglo I era en realidad ya una colección de diferentes tradiciones y escuelas rabínicas que se habían fusionado a lo largo de los años. Una de estas tradiciones, que se ve claramente en Mt. 8:11 y su paralelo Lc. 13.28, fue interpretada por las comunidades mesiánicas a partir del sacrificio del Cristo. Jesús fue revelado como el Hijo del Hombre del apocalipsis de Daniel (7:13-14) cuando, en medio de las tinieblas, Él murió y en ese momento el centurión exclamó: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mc. 15:39 y Mt. 27:54). Esto causaría que las naciones, de acuerdo a la tradición, fueran a Jerusalén a unirse con Israel. La muerte vicaria y la victoria sobre el poder del sepulcro son, entre otras, referencias al reinado apocalíptico del Mesías de Dios que las comunidades cristianas recopilaron y reinterpretaron en los evangelios y aún en Pablo.

Sin embargo, después de la resurrección, y más acentuadamente con el inicio del ministerio de Pablo, se puede apreciar una clara diferencia entre las enseñanzas de éste y las de Mateo. Básicamente, el evangelista interpreta la apocalíptica desde un punto de vista muy judío, y enfatiza la restauración de Israel dentro del programa escatológico y apocalíptico de Dios. No así el apóstol de los gentiles, quién vió en el cumplimiento del tiempo mesiánico la necesidad de predicar a las naciones que habrían de reunirse en Jerusalén; para él, la resurrección de Cristo marcó un nuevo nacimiento, el del nuevo Israel, el “Israel de Dios”.

Hago uso, sin profundizar mucho en las implicaciones, de las diferencias básicas entre Pablo y Mateo (a saber, el énfasis del primero hacia los gentiles y del segundo hacia la casa de Israel), así como de sus similitudes, y de la predicación apocalíptica de Jesús para acotar solo algunas reflexiones en cuanto a la misión de la Iglesia Cristiana hoy en día, particularmente el evangelismo y el discipulado como parte de la labor eclesial.

Considero, en primer lugar, el contexto apocalíptico en que Pablo y Mateo desarrollaron sus ministerios y la predicación de Jesús como una propuesta para interpretar la necesidad actual de nuestro país. El panorama general que imperaba en la Palestina del siglo I no era fundamentalmente diferente al que vive México hoy en día. Desde los primeros intentos de evangelización durante la Conquista, la religión práctica imperante es una ecléctica mezcla de Catolicismo Romano, ritos prehispánicos, creencias antillanas y un toque de Nueva Era. Aún el “cristianismo evangélico” no escapa de las influencias de esta última pseudo-religión, particularmente el Neo-Pentecostalismo. Triste es reconocer que los líderes eclesiales, católicos y protestantes por igual, se hallen envueltos en escándalos de toda índole. México ocupa el lugar 106 de 177 en el Índice de Corrupción Percibida (2013), siendo el primer lugar, Dinamarca, el menos corrupto. En cuanto a equidad de género, ocupa el lugar 89 de 135 (2011), siendo uno de los países con menos igualdad. El clasismo es también característico de la sociedad mexicana, y se agrava cada vez más con la desigualdad económica creciente; “los pobres se vuelven más pobres, y los ricos más ricos”, reza el popular dicho. Desigualdad económica que parece ser promovida por una clase política que se decanta a favor de quienes pueden asegurar su permanencia en el poder. Ni que decir de la violencia, robos, secuestros, etc, que a diario suceden en cualquier región de la República. O de la extensa red de narcotráfico que literalmente ha enredado al país. Los valores sociales se encuentran rumbo a la oposición contra las enseñanzas morales de la Palabra de Dios. La Iglesia debe hacer algo, necesita hacerlo.

Hoy, con urgencia, los mexicanos necesitan escuchar el mensaje de la proximidad del Reino de Dios. Con la urgencia que despierta el cumplimiento inminente del fin de los tiempos y el inicio del juicio divino, pues en el momento en el que dejemos de esperar la Segunda Venida, el ardor y la pasión en nuestra labor cristiana se enfriarán. En el mensaje del Reino, Jesús presenta a Dios como el Creador y como el Juez al mismo tiempo: Dios da, perdona, ayuda y consuela, pero está encima de nuestros deseos egoístas y caprichos; no tolera nuestra soberbia ni nuestras intenciones de ejercer alguna clase de derecho, y sin embargo se manifiesta a nosotros. Es un Dios que se encoleriza ante el pecado y la maldad, y por eso debemos arrepentirnos de nuestro mal camino; pero también es un Dios de gracia y amor, y nos invita a acercarnos a Él en calidad de siervos para ser sus hijos. Esta es la esperanza y la demanda que van de la mano en la apocalíptica: Dios nos consuela en medio del caos y el sufrimiento, y nos da la promesa de una vida mejor; y a la vez nos exige permanecer fieles a Él y firmes para acceder a la promesa.

Como Pablo entre los gentiles, los cristianos debemos hacernos todo a todos para comunicarles el mensaje. Del menor de los apóstoles aprendemos a responder al llamado de salir de las paredes de la iglesia como se entiende tradicionalmente y alcanzar a los perdidos en su contexto. Basta ya de pensar sólo en atraer gente a nuestras congregaciones; mejor pensar también en darles una iglesia que ellos mismos formen. Seamos atrevidos al cuestionar sus formas de pensar, y valientes para defender las nuestras. Pongamos nuestra vida como el ejemplo a seguir, y apuntemos en todo hacia Cristo. Vayamos a las naciones para atraerlas hacia el Monte Santo donde todos adoraremos al único y verdadero Dios.

También es necesario limpiar nuestras iglesias de todas las doctrinas que se han querido colar, así como el celoso Mateo anhelaba la purificación de su pueblo. Quitemos todas las enseñanzas paganas que han contaminado a más de una congregación, y enseñemos una fe apegada a la Palabra de Dios. Imploremos por la sanidad de nuestra tierra, el perdón de nuestros pecados, el regreso de los que se han alejado, un avivamiento espiritual en nuestras iglesias. Recordemos que la santidad de una comunidad también es interna y no descuidemos la salvación de nuestro pueblo. Tenemos la esperanza de que en los tiempos postreros, el Espíritu escribió en nuestros corazones la instrucción de Dios, su ley, su Torá.

Entender la apocalíptica es la clave. No se trata de eventos que sucederán en el futuro, próximo o lejano. Tampoco podemos limitar la literatura al simple reflejo de la situación que vivían los cristianos de la iglesia primitiva, o los judíos del siglo I. Lo que es verdad es que el Reino de los Cielos manifestado por Jesús inauguró el inicio del fin de los tiempos, y por eso vivimos en medio del Apocalipsis. El apóstol Pablo es el clásico ejemplo de un evangelista que entiende la urgencia de predicar el evangelio a las naciones antes de que el juicio caiga sobre ellas. Mateo marca el camino de la fidelidad a la Palabra de Dios y la lucha por el avivamiento de la Iglesia que se prepara para recibir a su Señor.

La iglesia contemporánea en México vive en una tensión apocalíptica, donde las potencias del mundo parecen engullir las vidas de la gente y la bestia destruye almas a diestra y siniestra. Pero la esperanza es que el Alfa y Omega instauró ya su Reino y vivimos con el poder de su Espíritu para resistir hasta el final, siendo fieles a su Palabra y anhelando con ardor al rojo vivo su parousia, el día en que seamos reunidos con Él y recibamos la corona de la vida.

Referencias

van Aarde, A. (2001) Matthew and apocalypticism as the “mother of Christian theology”: Ernst Käsemann revisited [PDF] recuperado de: http://www.hts.org.za/index.php/HTS/article/viewFile/539/438

Hausmann, R., Tyson, L.D., Zahidi, S. (2011) The Global Gender Gap Report 2011. recuperado de:http://www3.weforum.org/docs/WEF_GenderGap_Report_2011.pdf

Käsemann, E. (1978). Sobre el tema de la apocalíptica. En Käsemann, E., Ensayos Exegéticos. (217-246) Salamanca, España: Ediciones Sígueme

Mindalia Televisión (2014, Marzo 19). Juicio Final y Vida en el Más Allá en el Cristianismo primitivo por Antonio Piñero [archivo de video]

Transparency International (2014). Corruption perception Index 2013. recuperado de: http://www.transparency.org/cpi2013/results

La Expiación; Bases bíblicas, teorías y un poco más

Si el Cristianismo gira en torno a la vida de JesuCristo y su razón de ser es la Pascua de nuestro Señor que culmina en su gloriosa resurrección, entonces es importante comprender un aspecto sumamente vital y necesario de los eventos históricos y teológicos que sucedieron en la Semana de la Pasión, a saber, la muerte expiatoria de Jesús. 

En un sentido básico, la palabra “expiación” significa: Reparación de una culpa o pago de un crimen mediante un sacrificio o un castigo, e incluye la idea de lograr una reconciliación entre las partes enemistadas. Una definición clásica es “la satisfacción ofrecida a la justicia divina por medio de la muerte de Cristo por los pecados de la humanidad, en virtud de la cual muerte todos los verdaderos penitentes que crean en Cristo son personalmente reconciliados con Dios y librados de toda pena de sus pecados, capacitándolos así para la vida eterna”. Antes de comparar las diferentes teorías de la expiación con sus implicaciones, es primordial examinar sus bases bíblicas.

El origen de esta doctrina se remonta al sistema sacrificial de la Ley del Antiguo Testamento, que a su vez tiene su inicio en los sacrificios primitivos. De acuerdo con los relatos bíblicos, Caín y Abel ofrecieron sacrificios, al parecer como una forma de adoración. Noé después del diluvio y los Patriarcas en diversas ocasiones también quemaron ofrendas en el altar, tanto de gratitud como de confirmación de un pacto con Dios. Particularmente interesante es el episodio en el que Abraham se dispone a ofrecer a su propio hijo Isaac como sacrificio a Dios. Este, como los demás ejemplos, nos muestran que en la concepción de los antiguos, el altar era una forma de acercamiento a Dios, tanto en adoración como en gratitud. La ofrenda era un símbolo de la dependencia del Señor, de la confianza en Él, del compromiso para con su pacto, y sin duda alguna, de obediencia a la Deidad. Una vez que la Ley Mosaica fue instituida, los sacrificios conformaron el sistema de adoración. La idea de pecado, definida por los mandamientos y estatutos de Dios, requería expiación por medio de la sangre de un animal puro y sin mancha. Tal vez en consonancia con la dimensión familiar que tenían los sacrificios de los patriarcas, el sistema sacrificial de Moisés hacía provisión para la expiación tanto por los pecados personales como para los pecados colectivos; ambas dimensiones tendrán ecos en el Nuevo Testamento. Ya para el tiempo de los escritos proféticos, se puede notar que la intención moral y ética de los sacrificios se había pasado por alto. Así, los profetas conectan la víctima presentada para el sacrificio con la pureza del corazón del que la presenta, para denunciar la decadencia moral y el pecado del pueblo y de sus sacerdotes y príncipes. Además, durante este período, se comenzó a desarrollar la idea de un Mesías sufriente, que llevaría sobre sí mismo los pecados de su pueblo para ofrecerse como un sacrificio expiatorio y vicario. En el Nuevo Testamento, este concepto de un Mesías que provee expiación por su pueblo fue entendido en la vida, o mejor dicho en la muerte, de Jesús. De modo que el hecho histórico de la crucifixión del Cristo no es el final aparentemente frustrado de un mártir en la lucha contra el Imperio Romano; es más bien la obra vicaria y propiciatoria del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

En el Nuevo Testamento, los escritores entendieron la muerte de JesuCristo a la luz de los sacrificios veterotestamentarios. Veamos algunos ejemplos:

“Siendo justificados gratuitamente por su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración de su justicia, porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente,” (Romanos 3:24-25 LBLA)

“Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos […] Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:6, 8 LBLA).

“Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien ahora hemos recibido la reconciliación.” (Romanos 5:10-11 LBLA)

El lenguaje que Pablo usa en estos pasajes de su carta a los Romanos remite directamente a los sacrificios de la Ley Mosaica. Redención (gr. απολύτρωσις) se refiere a la compra de un cautivo, al pago de un rescate. ίλαστήριον (propiciación) puede ser mejor traducida con base en la LXX como propiciatorio; esto es porque en realidad se refiere a la cubierta de oro del arca sobre la cual se rociaba la sangre de los sacrificios en el Día de la Expiación (cf. Lev 16). Esto implica que Jesús es el instrumento mediante el cual Dios nos ofrece su perdón, o reconciliación (gr. καταλλαγήν). Cuando Pablo dice que Cristo “murió por (gr. υπέρ) los impíos” y “murió por nosotros”, está hablando de la muerte vicaria, sustitutiva, de Jesús; dicho en otras palabras, así como el animal era muerto en lugar del pecador que lo ofrecía en sacrificio, así Jesús ocupa nuestro lugar en la cruz. 

Una cosa más respecto del concepto de expiación. Dios es quién ha provisto el medio de propiciación, tan excelente y perfecto en Cristo Jesús, y el motivo para hacerlo es su amor. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El.” (Juan 3:16-17 LBLA) Este, como otros pasajes más, demuestran que el amor de Dios es la causa de la expiación por medio de JesuCristo.

Ahora vemos tres elementos básicos para construir alguna teoría acerca de la expiación: 1) la idea de propiciación o satisfacción; 2) la necesidad de mantener la dignidad del gobierno y justicia divinos; y 3) el origen en el amor divino. El énfasis en cualquiera de estos tres elementos es lo que diferencia una teoría de otra. A continuación, algunos aspectos importantes de las más relevantes teorías.

La teoría patrística, llamada así porque fue la enseñanza de los primeros padres de la Iglesia, simplemente manifestaba que Cristo se dio por nuestros pecados. Ireneo propagó la idea de que la muerte expiatoria de Cristo, seguida por la resurrección, desde luego, implicaba una victoria sobre satanás. Orígenes convirtió esta creencia en la teoría de que la muerte de Cristo era un rescate pagado a satanás. Aunque esta doctrina es sencilla y directa, implica que Dios tiene cierta clase de deuda para con satanás, o al menos que tiene que negociar con él. Atanasio explicó que la muerte expiatoria era más bien un pago de una deuda para con Dios. 

La Teoría de la Satisfacción fue publicada en el libro de Anselmo, Cur Deus Homo. Para Anselmo, el hombre está en deuda con Dios debido al pecado que viola el honor divino. Ya que el hombre no puede pagar esta deuda, merece un castigo eterno. Entonces, el Hijo de Dios se encarnó a fin de pagarla; siendo divino, puede pagar la deuda divina, y siendo humano, puede representar a la raza humana en la cruz. Como el Cristo es perfecto y por lo tanto no merece el castigo de la muerte, su sacrificio meritorio recibió como recompensa el perdón de nuestros pecados. El énfasis de Anselmo está en que fue el sufrimiento de Cristo lo que apaciguó la ira de Dios para pagar la deuda por los pecadores a través de toda la eternidad. Anselmo deja fuera la idea de una negociación con satanás y enfoca la expiación en el mérito de Cristo, pero al hacer del sufrimiento el origen del mérito, da una dimensión más bien cuantitativa al la expiación. Dicho de otra forma, el sufrimiento de Jesús en la cruz paga el sufrimiento que los pecadores debían padecer.

La teoría de Abelardo es contraria a la de la Satisfacción. Mientras que la anterior dice que la ira de Dios necesita ser apaciguada, es decir, satisfecha, Abelardo explica que la expiación es una muestra del amor de Dios para atraer a los hombres hacia Él, subyugando de esta manera la rebelión del pecado.

Las teorías escolásticas se pueden diferenciar en tres doctrinas principales, las tres propuestas por diferentes teólogos y, en ocasiones, opuestas. La Teoría Penal de Pedro Lombardo amplía la teoría de Abelardo agregando que la expiación es suplementada por el bautismo y la penitencia. Tomás de Aquino explora y desarrolla la Teoría de Satisfacción. En primer lugar, estableció una relación estrictamente personal entre los méritos de Cristo y los deméritos del pecador. Esta relación se logra mediante una unión mística entre Cristo y la Iglesia. De manera que la propiciación se logra al unirse mediante la fe al Salvador. Aquino hizo del sacrificio de Cristo la absoluta necesidad para lograr la satisfacción del Padre y la reconciliación con el hombre. Por el otro lado, Duns Scoto enseñó que Dios aceptaba el sacrificio sustitutivo de Cristo Jesús por pura voluntad divina y no necesariamente porque proveyera satisfacción. Así que el perdón es ofrecido libremente por la autoridad de Dios; en este sentido, Scoto desarrolla la idea de Abelardo.

La Teoría Tridentina, que permanece en la Iglesia Católica Romana, fue desarrollada a partir de las enseñanzas de Aquino. La unión mística de Cristo con la Iglesia incluye su encarnación, implicando que la raza humana es santificada por la transferencia del mérito de Jesús al hombre pecador, y que el sacrificio de Cristo es vicario porque el hombre le trasmite su pecado. Los sacramentos fueron considerados una extensión de la encarnación, particularmente la Eucaristía, pero también el bautismo y la penitencia, por lo que la participación de los mismos es necesaria para la unión mística. El problema está en que la “unión mística” precede y sostiene la expiación y por consiguiente la reconciliación, y no viceversa. Dicho en otra forma, un individuo sólo puede ser salvo si se une a la iglesia y participa de los sacramentos. Esto lleva a una idea de salvación por obras, idea que fue refutada por los Reformadores.

La Teoría de la Satisfacción Penal es la respuesta de Calvino a la Iglesia Católica, y se le conoce de esa manera porque desarrolla la teoría de la Satisfacción pero usando un lenguaje de una corte judicial. Se puede sintetizar de la siguiente manera: 1) el pecado merece la ira y maldición de Dios, 2) Dios es justo, y tratará al pecador como lo merece por su pecado, 3) Cristo asumió nuestra naturaleza humana, y bajo la ley fue justo en todo, y en la cruz llevó el castigo de nuestros pecados, 3) los que creen son constituidos justos por el mérito de Jesús, la justicia de Cristo les es imputada y son considerados y declarados justos por Dios. Hay algunas objeciones a esta teoría, la más importante es que los creyentes son considerados justos y no genuinamente hechos justos. Si Cristo es justo y esta justicia se le imputa a los creyentes, entonces no se requiere obediencia personal hacia Dios. En teoría, el creyente es libre de hacer su propia voluntad sin consecuencias, en tanto que Cristo es el que ha cumplido en nuestro lugar la justicia y ha pagado por nuestros pecados. Como parte de la teología reformada, se entiende también que ésta expiación es limitada en su alcance, significando esto que no todos los hombres son salvos, sino sólo los que han sido elegidos para creer. 

Jacobo Arminio y su discípulo Hugo Grocio propusieron la Teoría Gubernamental como respuesta a la de Substitución Penal. Ellos incluyeron en el proceso de la expiación, sí la justicia divina, pero también la misericordia y compasión de Dios. Particularmente Grocio enseñó que Dios no es simplemente una persona ofendida cuya ira debe ser satisfecha justamente. Él es también el Gobernador Moral del universo, por lo que el pecado es en realidad una ofensa a la autoridad moral de Dios sobre el universo. Así, la muerte de Cristo no es simplemente el equivalente exacto del castigo por nuestros pecados, sino que es además la reivindicación de la dignidad del gobierno de Dios. Esta teoría, como se puede ver por el lenguaje usado para describirla, amplía el alcance de la expiación de Cristo a todo aquel que crea en él, y no sólo a unos cuantos. Sin embargo, deja un poco de lado el sentido personal que ofrece una “expiación limitada”.

Las siguientes teorías son desarrollos de la teorías de Abelardo y de Anselmo, y se les conoce como teorías de la Influencia Moral. El Socinianismo es una doctrina enseñada por los primos Laelio y Fausto Socini y no es, en el estricto sentido, una teoría de expiación. Al contrario, niega la necesidad de una muerte vicaria y en su lugar entiende la muerte de Cristo como el máximo ejemplo de lealtad y fidelidad a la verdad. Jesús es un ejemplo a seguir en el progreso moral, y el seguimiento del noble y martirizado Mesías es el camino a la salvación. Dios perdona, pero de ninguna manera a causa del sacrificio de Jesús, sino por su propia y libre voluntad. Sin embargo, dice Socini, la muerte de Cristo es una exhibición del amor divino para remover la dureza del corazón. Las Teorías Místicas son más modernas. De acuerdo a este misticismo, Cristo rindió la devoción y obediencia perfecta al Padre que los humanos debían haber rendido, y en esa obediencia, el Hijo se encarnó y murió para demostrar el amor divino a la humanidad al identificarse con ella y compartir sus sufrimientos. En respuesta, los hombres le rinden obediencia y devoción. Al igual que en el Socinianismo, el arrepentimiento es seguir el ejemplo de amor que Jesús modeló, y los místicos modernos recalcan así el amor de Dios. En cuanto a la expiación, Cristo no sufre por los seres humanos, sino con los seres humanos. Simple y sencillamente, tampoco hay expiación, ni muerte vicaria, ni necesidad de satisfacción. Bushnell presentó su propia versión de esta teoría al decir que Dios y el hombre comparten ciertos sentimientos morales. Entonces, así como el hombre sufre a causa del pecado, Dios mismo sufre a causa del pecado y se entristece. La muerte de Cristo, al igual que su encarnación, entonces no le son necesarias al hombre, sino a Dios, quien padece para mostrar con su ejemplo el camino del perdón. Cabe destacar que esta teoría es más aceptada en el unitarismo. La Nueva Teología desarrolla de manera sistemática las teorías de Socini y las místicas, y surgió en Escocia e Inglaterra. Esta teoría enseña que Cristo tuvo la fe y el arrepentimiento perfectos por nosotros, así, vivificado por el Espíritu, se convirtió en la Cabeza de una nueva humanidad a la que le enseña el amor y la santidad de Dios. La implicación de esta teoría es que Cristo no era divino, sino que fue el perfecto ser humano que después alcanzó la divinidad, y que todos los seres humanos tienen una chispa divina. Tampoco existe una idea de expiación. Estas llamadas teorías de influencia moral yerran al rechazar la doctrina del pecado natural y por lo tanto hacen de la salvación un proceso de seguir el ejemplo de Jesús y compartir el amor de Dios. El hombre es capaz, según estas teorías, de alcanzar su propia salvación y el perdón de Dios sin necesidad de un vicario que expíe sus pecados. Asimismo, promueven el unitarismo, o al menos una versión velada de este.

La Teoría Ética, del Dr. A.H. Strong, se basa en la Teoría de la Satisfacción Penal, y descansa en dos principios fundamentales: 1) la santidad de Dios, que se refleja finitamente en la conciencia del hombre. La santidad demanda que el pecado sea castigado; y la expiación es una satisfacción de esta demanda ética. 2) La humanidad de Cristo al encarnarse y solidarizarse con la raza humana. Entonces Cristo, como humano, y por la demanda de santidad, está obligado a pagar, quiere pagar y paga plenamente la deuda y la culpa del pecado de los hombres que voluntariamente cargó como suyas. De esta manera, Cristo representa a la humanidad y la substituye en la paga del castigo.

Una vez que se han analizando, aunque brevemente, las teorías más importantes, se puede comprender el alcance y los beneficios de la expiación desde la perspectiva Arminiana-wesleyana. La expiación en este punto de vista tiene una doble dimensión: universal y especial. El sacrificio de Cristo satisfizo la justicia de la ley divina e hizo de la salvación una posibilidad para todos. Esta provisión es universal y sólo se condiciona en la muerte de Cristo, por lo tanto es incondicional para el hombre. En esta dimensión universal, los beneficios también son incondicionales: 1) la existencia continua y preservación de la raza, a pesar del pecado y la depravación; 2) la gracia preveniente, impartida por el Espíritu Santo que ilumina, convence y ayuda en el camino a la salvación; 3) la salvación de los infantes, quienes no han cometido ningún pecado y que sin embargo han heredado la depravación natural. En este caso, la expiación provee santificación que se aplica incondicionalmente a los infantes. 

En su realización individual, la expiación depende de la aceptación por fe de la obra salvífica de JesuCristo. La aplicación a cada persona es especial y condicional. En esta dimensión, los beneficios son aplicados de manera personal y bajo la condición de la fe. Estos beneficios son 1) la justificación, o perdón de los pecados y aceptación como justos por parte de Dios; 2) la regeneración, o nuevo nacimiento; 3) la adopción como hijos de Dios; 4) el testimonio del Espíritu, que nos asegura que somos hijos de Dios; y 5) la Entera Santificación, que libera del pecado original y nos lleva a una completa devoción a Dios.

A pesar de que ciertas teorías rechazan la necesidad de la muerte expiatoria, todas en general comprenden que el amor de Dios está presente dirigiendo y motivando la vida, el ministerio y la obra de Cristo Jesús, y desde luego su sacrificio en la cruz y su resurrección. Es por amor que el Padre nos busca a pesar del pecado, es por amor que el Hijo murió en nuestro lugar y es por amor que el Espíritu Santo nos compele a buscar a Dios. En palabras de Wiley y Culbertson: 

“La expiación, ya sea considerada en su motivo, en su propósito, o en su alcance, debe entenderse como la provisión y expresión del amor justo y santo de Dios. La vida y muerte de Cristo son la expresión del amor de Dios para con nosotros.”

Bibliografía

Wiley, H.O. y Culbertson, P.T. (1976) Capítulo XIII La expiación (pp. 244-266), en Introducción a la Teología Cristiana; Beacon Hill Press: Kansas City, EUA

El Gnosticismo

El gnosticismo es una religión, o más bien dicho una filosofía religiosa, que ha capturado la atención de tanto académicos como de la gente “de a pie”. Los recientes descubrimientos de las bibliotecas copto-gnósticas, las novelas de misterios basadas en supuestos hechos reales, las especulaciones de la vida oculta de Jesús y los documentales transmitidos por televisión, contribuyen a la fascinación por lo oculto. Y es que el gnosticismo trata sobre una revelación especial, un llamado conocimiento exclusivo. ¿Qué es el gnosticismo? ¿Cuáles son sus ideas fundamentales? ¿Cómo llegó al cristianismo y qué repercusiones tuvo? En este ensayo analizaremos de manera concisa las respuestas.

Historia de los orígenes del gnosticismo cristiano

Es difícil fechar con precisión los orígenes del gnosticismo, ya que sólo aparece con claridad en el cristianismo hasta el siglo II d.C. Sin embargo, aún desde antes del nacimiento de Jesús, las ideas que después darían a luz al gnosticismo ya se empezaban a forjar y es posible identificar algunas de las filosofías de las que se tomaron ideas para el desarrollo posterior de la gnosis como sistema filosófico-religioso. El origen geográfico también es discutible, aunque si se toma en cuenta que el gnosticismo se desarrolló como una de las interpretaciones del cristianismo, es lógico pensar que una escuela judía en Palestina tuviera al menos una semilla de esta doctrina. En efecto, Antonio Piñero (2007, p 129) identifica que:

“[el germen primero de la gnosis cristiana surge] en el arco formado por las regiones de Siria, Palestina y Egipto, entre gentes impresionadas por la idea de una enemistad irreconciliable entre materia y espíritu (dualismo) y por la concepción de una lucha atroz entre el Bien y el Mal, e impulsadas por otros conceptos de la filosofía griega espiritualista (por ejemplo, la división del ser humano entre cuerpo y alma, y éstos enfrentados entre sí)”

Estas gentes, se sospecha, eran judíos piadosos, esotéricos y alejados un tanto de la sociedad, y por ende, del pensamiento, común. Se puede notar que estaban muy influidos por la filosofía helenística, en especial por el platonismo. Esto se distingue en su marcado énfasis en el dualismo bueno/malo, espiritual/material, superior/inferior, y otras ideas como la suposición de una realidad superior que se refleja en la realidad terrenal. Los judíos gnósticos aplicaron sus ideas a la exégesis de los primeros capítulos de Génesis, entendiendo que había un Dios Supremo y un Demiurgo, y las mezclaron con otras ideas o perspectivas religiosas, generando así una nueva interpretación del Antiguo Testamento. Esta interpretación llegó a un cierto grupo de cristianos, que la siguió desarrollando hasta el s. II d.C.

Filosofía gnóstica

 Los términos “gnóstico” o “gnosticismo” vienen del vocablo griego “gnosis” que significa “conocimiento”. Este conocimiento, cabe destacar, no se refiere a un conocimiento intelectual, sino más bien a un conocimiento “personal, de conciencia”. En el gnosticismo, la gnosis se entiende por el conocimiento de misterios divinos; gracias a este conocimiento, es que el individuo se salva.

 Los gnósticos tomaron los primeros capítulos del Génesis y aplicaron una exégesis basada en su filosofía helenizada. De esta interpretación surgen los principios que se explicarán brevemente a continuación. Una clave importante para entender la divinidad, y el funcionamiento del universo, es observar lo que sucede en el mundo terrenal. Los seres y entidades de “abajo”, es decir, de la tierra, son un reflejo de los que hay “arriba” en el cielo; y viceversa, las entidades superiores y divinas tienen su contraparte terrena. Así que, si se interpreta bien lo que hay abajo, se puede saber lo que hay arriba.

Cabe destacar, sin embargo, que había muchas ideas gnósticas, algunas muy diferentes entre sí, y las que se presentan son más bien las más generales y comunes:

  1. Dios existe, y no es necesario demostrarlo. Sólo es posible conocer a este Dios cuando él se revela. Es un Dios único, absoluto, trascendente, espiritual, por lo tanto no es personal. No necesita de nadie, es ilimitado, es más que infinitamente perfecto y absoluto. Se le denomina el Padre, el Uno, el Espíritu, el Dios Verdadero
  2. La perfección de ese Dios Único implica que, aunque es único y uno absolutamente, es una divinidad compleja. Siendo único y trascendente, este Dios está en completa paz y soledad, excepto que se hace acompañar de su pensamiento. El Pensamiento, Enoia en copto, o Silencio, Sigé, no es un ser como tal, sino una proyección del Dios Supremo. Los gnósticos observan que el mundo terrenal, todo actúa en parejas. Si el mundo es reflejo de una realidad superior, entonces el Dios de ellos, el Uno, también tiene su pareja, que es precisamente su “Pensamiento”.
  3. En un momento determinado, el Uno decide manifestarse hacia fuera de sí mismo. Así que en unión con su Pensamiento, emana un “Dios hacia afuera”, o Hijo. Este Hijo puede manifestarse en lo divino e inteligible, como a lo material y sensible, aunque todavía o exista un mundo con estas características. El Logos, como se le denomina a esta emanación, es el primero de una serie de entidades divinas posteriores, y es el más cercano a la perfección.
  4. Esta trinidad engendra por emanación, o genera, otras entidades divinas, llamadas “eones”. Cada una de estas emanaciones es una difusión, y por ley natural, son menos perfectas que el Uno. Los eones son inferiores, pero no dejan de ser divinos. Cada entidad van en pareja, porque lo que no es pareja, es imperfecto. Además, cada pareja se “reproduce” en otra emanación. Al conjunto de los eones unidos en armonía con el Dios Supremo se le denomina “Pleroma”, o Plenitud, la Luz. 
  5. En este punto inician las principales divergencias. Una de ellas tiene que ver con la personalidad de los eones. Algunos gnósticos consideraron que los eones no son entidades distintas del Padre, sino que son modos o maneras en los que se manifiesta el Dios. Otro grupo cree que estos seres divinos son sustancias auténticas, personas (en cuánto hipóstasis) que se diferencian del Uno. Ambas posturas reconocen, sin embargo, el Pleroma como una unidad divina.
  6. El último de los eones es la Sabiduría, Sofía, el más alejado del Padre, y por cierto femenino, porque lo femenino es menos perfecto que lo masculino. Sabiduría comete un pecado o error: dependiendo de la corriente gnóstica, ya sea que pretendió adquirir conocimiento o que procuró reproducirse; en cualquier caso sin el consentimiento ni la gracia del Padre, ni la participación de su consorte. Como castigo, Sabiduría fue eliminada del Pleroma. Sin embargo, su pecado tendrá consecuencias más grandes, porque se genera la materia, primordial e informe, con la que después se formará el universo.
  7. Con la partida de Sabiduría, el Pleroma no está completo. Por ello, a fin de recuperar su plenitud, el Padre consiente en enviar algunos eones superiores para atraerla de regreso, es decir, para salvarla de su pecado. Estos eones, como después lo entenderá la gnosis cristiana, son nada menos que el Espíritu Santo, Cristo y Jesús. La leyenda cristiana gnóstica dice que Sofía ve a Cristo en forma de una cruz trans-cósmica, que le provoca el deseo de regresar a Luz y reunirse con su esposo celestial, Jesús.
  8. Si el pecado de Sabiduría dio origen a la materia, su regreso al Pleroma da origen al Demiurgo. Éste es llamado Ialdabaoth, “hijo del caos”; Saklas, “tonto”; o Samael, “el dios ciego”. Este Demiurgo así llamado, no es otro que el Dios del Antiguo Testamento. Al ser emanado de Sabiduría, sigue siendo un ente divino, aunque ya es más bien inferior, muy inferior al Dios trascendente, el Uno; de hecho, no forma parte del Pleroma. El Demiurgo crea ángeles, o potestades, quienes son puestos a cargo de los planetas. También toma la materia, ya creada por Sabiduría, y la moldea para formar el universo, basándose en las ideas que existen en el Pleroma. Todas las gnosis concuerdan en que este ser es el creador del universo, aunque no el Creador Absoluto. Sin embargo, el Demiurgo se autoproclama el Dios Creador, y el Ser Supremo, y no hay otro dios fuera de él. Una opinión es que el Demiurgo es perverso y malvado; otra es que es sólo un necio y un tonto que no sabe que hay una divinidad muy superior a él.
  9. En este momento, ya se distinguen tres sustancias: A) la espiritual, pneumática o divina, que se halla solamente en el Pleroma y por tanto en Sabiduría, pero también en el Demiurgo; B) la sustancia psíquica, que es engendrada del Demiurgo, y es el principio vital que permite el movimiento natural en la creación; y C) la sustancia material, que está presente en todo el cosmos
  10. Con ayuda de sus ángeles, el Demiurgo creó al primer ser humano, Adán, a imagen del Dios supremo y a semejanza suya, es decir, del Demiurgo; una tradición gnóstica sugiere que el ser humano fue creado como esclavo. Como sea que fuere, el hombre no tenía espíritu, tan sólo tenía psique, y no era más que un animal, arrastrándose por los suelos. Sabiduría se apiada del ser humano y procura dotarle de un espíritu divino. Dependiendo de la escuela, los gnósticos creen que Sabiduría insufla su espíritu divino a Adán, o que ella logra por artimañas que sea el Demiurgo quien de su hálito al hombre, quedando el primero desprovisto del espíritu. Adán es entonces un ser dual, con un cuerpo material que pertenece al mundo creado, pero su espíritu divino pertenece en efecto a Sabiduría, al Pleroma y en último término al Padre. En algún momento tendrá que regresar a su verdadera patria.
  11. Al verse engañado, el Demiurgo, con sus ángeles, intentará evitar a cualquier costo que el hombre regrese al Pleroma y que propague el espíritu, la chispa divina. Para hacerlo, crea a Eva a partir de Adán. Por degradación, ella tiene la chispa divina en una mucho menor porción. Además, con ella vienen el deseo sexual y la procreación. De esta manera, la chispa divina se va disminuyendo en cada generación humana. La mayoría de los humanos se irán olvidando que tienen esta chispa de lo divino, quedando presos de lo inferior y material.
  12. La gnosis distingue tres diferentes clases o razas (pueblos) de hombres: a) los hílicos, o materiales, que no tienen ninguna parte de la chispa divina; b) los psíquicos, que solo tienen la psique insuflada por el Demiurgo, pero no el espíritu divino; y c) los espirituales, pneumáticos, que han recibido la chispa de la divinidad, y son por tanto, superiores al resto de los humanos. Los gnósticos explican esta división por medio de las diferentes clases de hijos de Adán y Eva. Los espirituales provienen de Set, quién recibió de su padre los secretos de la gnosis. Otros gnósticos consideran que los espirituales también pueden descender de Caín, puesto que se opuso al Demiurgo creador. Los psíquicos e hílicos son descendientes de otros hijos de Adán, o de Eva cuando fue violada por los hijos de Dios, mencionados en Génesis 6:4, según algunas tradiciones. Estos hombres no recibieron ni la gnosis ni la chispa, al menos no completa.
  13. Si el espíritu en los hombres pertenece al Pleroma, entonces debe ser rescatado y regresado a su hogar. Para ello, el Padre y los eones envían a un Salvador. Este es Jesús, quién se encarna en el Jesús terrenal. Su misión consiste en dos partes: recordar a los hombres espirituales que tienen dentro de sí una chispa divina y enseñarles a liberar su espíritu de la materia carnal que los ata al mundo. Para hacerlo, este Jesús le revela a los hombres la gnosis. Lo que el Salvador logra con la revelación, es que los hombres espirituales se hagan una serie de preguntas: ¿De dónde vengo? ¿Por qué tengo espíritu? ¿Cómo puedo liberarlo de la materia y regresarlo al cielo? Entonces el Salvador revela también los medios para conseguir la liberación de su espíritu: el ascetismo, huida del mundo, desprendimiento de lo material, en fin, todo lo que tenga que ver con someter la carne y elevar el espíritu.
  14. Desde luego, el Demiurgo y sus ángeles se oponen al Salvador y su misión. Las potestades intentan, sin éxito, detener al Salvador en su descenso a la Tierra, impidiéndole el paso por las diferentes esferas celestiales que la circundan. Una vez en la tierra, el Demiurgo busca matarle, y lo único que logra es matar al Jesús terreno, mientras que el espiritual regresa al Cielo.
  15. El destino de los seres humanos según la división de acuerdo con la presencia o no del espíritu divino tiene grandes consecuencias: a) los hílicos o materiales no tienen ninguna opción de salvación, y serán totalmente destruidos una vez hayan muerto; estos se relacionan con los paganos; b) los psíquicos que se apeguen a la Iglesia y sigan los preceptos del Salvador serán librados de su cuerpo material, y su alma (psique) ascenderá a un cielo inferior, debajo del Pleroma, donde podrán ser felices; b) el cuerpo material de los espirituales también perecerá, su alma también irá al cielo inferior, pero su espíritu trascenderá hasta donde está el Pleroma y se reunirá con su contrapartida celeste, ahí entonará cantos de alabanza al Padre o Uno.

De esta amplia exégesis se puede extraer una filosofía/teología sistemática, más o menos condensada de la siguiente manera:

Teodicea: Dios, el Padre, es eterno, siempre ha existido y siempre existirá. Es perfecto en sus atributos. Es el origen último de todo cuanto existe y causa final de todas las cosas. Se manifiesta en el Pleroma, o Plenitud, de sus emanaciones.

Cosmología: El mundo es creado en última instancia por el Padre, a través del eón Sabiduría y ésta a través del Demiurgo. Esto explica porque el mundo material, malo y degradado, puede provenir de un ser tan sublime y perfecto como el Padre.

Antropología: El hombre es formado de la materia por el Demiurgo. El ser humano tiene una chispa de lo divino, el espíritu, pero no todas en igual proporción: los hombres hílicos, que son puramente materiales; los psíquicos, que recibieron insuflación propia del Demiurgo, esto es el alma, y los espirituales que sí tienen la chispa divina.

Soteriología: El espíritu en los hombres necesita ser rescatado y devuelto al Padre. Para ello es enviado un Salvador, que es un eón emanado del Dios Supremo, a fin de revelar la gnosis a los hombres. La salvación consiste en liberar al espíritu de la materia que lo aprisiona.

La gnosis en el cristianismo

 Es necesario enfatizar que el germen de la gnosis como atmósfera filosófico-religiosa apareció antes del cristianismo en el área del Mediterráneo. No era tanto una religión, sino una alternativa superior a las religiones que ya existían. Este germen afectó al judaísmo y a las religiones paganas también. Es decir, el cristianismo gnóstico es una más de las variantes de la gnosis.

Nag Hammadi es una localidad egipcia reconocida por que fue allí donde se descubrieron escritos antiguos en Diciembre de 1945. La mayoría de estos 52 documentos son documentos gnósticos, y están escritos en copto. Entre los más importantes, se encuentran los llamados evangelios apócrifos, a saber, los de María, Judas y Tomás, además del llamado Evangelio de la Verdad y el Apocalipsis de Pedro. Estos documentos son ejemplo de lo que la gnosis cristiana entendía acerca de su Salvador Jesús. Es común a todos, el hecho de minimizar la crucifixión y el sufrimiento de Jesús para hacer énfasis en sus enseñanzas, que sólo pocos en realidad comprendieron.

 En el gnosticismo cristiano hay varias escuelas, reciben su nombre de su maestro gnóstico o de algún personaje del Antiguo Testamento que consideran el revelador de la gnosis: valentinianos, basilidianos, setianos, cainitas, ofitas, veneradores de la serpiente, etc. Estos grupos crecieron y se consolidaron como sistemas entre los siglos II y III, y no fueron pasados por desapercibidos. Todo lo contrario: “afectó y sacudió violentamente, con sus novedosas y heterodoxas concepciones, a la teología del grupo mayoritario cristiano, sobre todo a partir de mediados del siglo II”. (Piñero, 2007, p.95)

 Dos siglos duró el gnosticismo dentro de la Iglesia, tras lo cual se fue desvaneciendo. Hay tres frentes que atacaron al gnosticismo, conduciéndolo a su aparente fin. Uno fue el neoplatonismo de Plotino, que atacó duramente a la escuela gnóstica cristiana; la acusó de presentar una mala y endeble filosofía, y más aún al degradarla con “supersticiones” judeocristianas. Aun cuando el Platonismo fue adoptado posteriormente por el cristianismo, los sabios de la Iglesia atacaron a la gnosis por ser una filosofía pobre, mítica y degradada; las ideas gnósticas fueron incluso declaradas heréticas. El segundo frente fue la gente menos cultivada, el pueblo cristiano en general, quién con el triunfo del cristianismo, rechazó toda doctrina pagana. Para estas personas, la gnosis era demasiado complicada, y el cristianismo muy fácil de entender. El tercer frente fue que el gnosticismo no encajaba con la noción de una religión universal, pues sólo pocos eran los que recibían la gnosis. Se percibía entonces como una religión de élite.

 Así pues, la gnosis fue puesta a su aparente fin. Sin embargo, este rechazo bien podría aceptarse dentro de la gnosis, ya que precisamente, pocos son los iluminados. De esta forma, el gnosticismo continuó, aunque con mucho menor número de adeptos y con una filosofía más entremezclada con otras religiones. En la Iglesia Cristiana reaparecerá en el maniqueísmo del s. III y con el catarismo en los siglos XI a XIV.

El gnosticismo en la actualidad

Con el libro de Dan Brown, “El Código DaVinci” (2003), surgió un interés general por los escritos apócrifos y las perspectivas gnósticas de la vida de Jesús. Aunque no se trata más que de una novela de misterio, ha causado un fervoroso auge y una vuelta hacia la filosofía gnóstica. Sin embargo, esto no supone un redescubrimiento de la gnosis, puesto que ha estado presente de alguna o de otra manera en diversos grupos y sectas filosófico-religiosos, específicamente en aquellos que hacen mucho énfasis en lo esotérico, como lo es la Nueva Era. Una característica de estas pseudo-religiones es que enfatizan la chispa divina que existe potencialmente en todos los seres humanos, y el deseo de trascender hacia lo superior. También se habla de un Dios Supremo al que hay que regresar. Quizá los que atrae a tanta gente sea que pretenden revelar misterios ocultos y oscuros, valiéndose de complicadísimas explicaciones, el uso de la kabbalah e interpretaciones metafísicas. Este aparente intelectualismo es, para muchos académicos, pretensioso y absurdo. Aun así, no deja de atraer a muchas personas fascinadas por una revelación especial. Vale la pena resaltar que el gnosticismo como tal no existe, no al menos en su sentido más puro, sino que es la gnosis que persiste en un sincretismo religioso.

Conclusiones

 El gnosticismo surgió como corriente filosófico-religiosa a partir de una mezcla de diferentes religiones y tradiciones y de filosofías griegas, principalmente en Egipto, Siria y Palestina. Quizá fue el sincretismo lo que propició que se expandiera por todo el Mediterráneo, y que también penetrara en grupos aislados judíos. De hecho, la gnosis cristiana proviene de la gnosis judía. Hace un énfasis especial en la revelación divina, que despierta las conciencias de los hombres para que recuerden que tienen una chispa divina que debe ser librada del cuerpo material para volver al Dios Supremo de quien proviene.

 La gnosis cristiana se ejemplifica en los escritos coptos de Nag Hammadi. Esta biblioteca contiene los evangelios apócrifos de María, Tomás y Judas, que han causado un gran revuelo en la actualidad. Aunque los grupos cristianos gnósticos, sus enseñanzas han inspirado a varios autores de novelas, pero también a líderes religiosos en la conformación de sus doctrinas. Hoy en día las religiones esotéricas, que tienen un amplio contenido gnóstico, han atraído a muchas personas hacia ellas.

 Es responsabilidad, entonces, de los maestros cristianos conocer e identificar la gnosis cuando ésta y sus prácticas se hayan colado en la Iglesia Cristiana.

El Amor de Dios y la Entera Santificación

“Creemos en la doctrina de la perfección cristiana, o de la entera santificación. Esta es una segunda obra definida de gracia en el corazón, por la cual somos enteramente purificados de todo pecado. Creemos que solamente los que han sido justificados y que andan en el favor de Dios pueden recibir esta gracia. Creemos que no es perfección absoluta, la cual pertenece sólo a Dios. No vuelve infalible al ser humano. Es amor perfecto, el amor puro de Dios llenando un corazón que ha sido purificado.”

En la 1er declaración sobre la doctrina de la Entera Santificación de la Iglesia del Nazareno, se reconoce esta obra de Dios como un acto de amor perfecto que llena nuestros corazones.
Como seres humanos, el amor que podamos sentir, practicar o declarar es imperfecto. En nuestra naturaleza, el pecado nos mantiene alejados del amor del Dios, y cuando no hemos sido transformados, día con día manifestamos nuestro rechazo hacia nuestro Creador. ( Rom. 5:12-14)
Pero en nuestra falta de amor, Dios se perfecciona (2 Cor. 12:9) A lo largo de la historia, Dios ha mostrado su amor por notros al buscar la restauración del vínculo que teníamos con Él antes de la caída del hombre. Y la máxima expresión de ese amor fue cuando Dios envió a su hijo en sacrificio por nosotros. Sólo la muerte de JesuCristo pudo pagar la deuda de muerte que teníamos y perdonarnos de todo pecado. (1 Juan 4:10) A través de Cristo, somos renovados, transformados y reconciliados con Dios (2 Cor. 5:16-18) Y al confesar que Jesús es el Hijo a quién Dios resucitó de los muertos seremos salvos (Rom. 10:9) y Dios permanecerá en nosotros. (1 Juan 4:15)
Al rechazar la soberanía de Dios en nuestras vidas estamos en abierta rebelión en su contra. Por eso, el humillarnos y rendirle nuestras vidas es nuestro primer acto de amor hacia Él. Pero esto sólo nos es posible porque Él antes nos amó. (1 Juan 4:19). Entonces porque amamos a Dios, le obedecemos; y porque le obedecemos, podemos amarlo más. (Juan 14:15 y 15:10) Y al permanecer en su amor Dios permanece en nosotros y nos da su Espíritu Santo (1 Juan 4:16 y 4:13) De hecho es el Espíritu Santo que nos transforma (Gál. 5:22-23), que llena nuestras vidas, que nos da poder, que mueve nuestros corazones, que restaura nuestras relaciones, que nos hace vencedores, que atrae nuestras almas a Él, que nos permite amarnos los unos a los otros y amar a Dios: que nos santifica enteramente.
Es por este amor de Dios, del que nada ni nadie nos separará, que Dios nos hace más que vencedores en todo. (Rom. 8:37-39) Y nos da la seguridad de que estaremos adorándole en su presencia por toda la eternidad (1 Juan 4:17) Entonces el amor perfecto de Dios se consumará en nosotros, sus verdaderos hijos (Juan 1:12)

¡En verdad, no hay otro amor más grande que el que Dios nos ha mostrado!